El dominio del comportamiento no verbal resulta imprescindible para administrar con eficacia la comunicación política e institucional. Aprender a gestionar con habilidad la comunicación no verbal es mucho más fácil de lo que parece, aunque requiere tiempo y dedicación. Exige tener conciencia y paciencia, apertura de miras, humildad, y un espíritu autocrítico a prueba de vanidades. Quizás por eso la mayor parte de nuestros políticos prescinden de esta formación, que en mi opinión debería impartirse desde los primeros ciclos de la enseñanza escolar.

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