Ciudadanos empoderados, ayuntamientos fortalecidos

Sociedad
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Los ayuntamientos, como administración más cercana a los ciudadanos, deben fomentar los cauces de participación en los asuntos locales.

El escrutinio ciudadano sobre la política y las políticas públicas creció a raíz de los años de tribulación política vividos durante la crisis económica. Esta vigilancia surge por la desconfianza hacia la gestión de las administraciones públicas acrecentada en este periodo por escándalos de amplia índole. Lo acuñado como nueva política no es sinónimo de nuevos rostros o partidos sino de nuevas formas de hacer y aplicar políticas. Nuevas herramientas de comunicación que permiten acercar las instituciones a los ciudadanos y buscar su compromiso y su colaboración en la gestión. Los ayuntamientos, como instituciones más cercanas, tienen aquí un potencial para reenganchar a sus vecinos con sus políticas, para legitimar sus acciones, ser transparentes y rendir cuentas durante su mandato.

Los ciudadanos no sólo reclaman saber y conocer todos los detalles de la gestión municipal (la ley 19/2013 de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno garantiza el derecho de acceso a la información de la actividad pública también en los ayuntamientos), sino que además quieren decidir, ser copartícipes del desarrollo del municipio. En esta tarea, las entidades locales juegan un papel fundamental en la generación de canales de participación que involucren a los vecinos. La participación ciudadana no es un fenómeno novedoso, sino que ha estado ligado a los sistemas políticos democráticos al ser la participación política un derecho.

Los mecanismos de participación ciudadana impulsados desde los ayuntamientos siempre han partido desde el axioma de que el gobierno municipal no reside exclusivamente en el Equipo de Gobierno municipal, sino que la toma de decisiones debe tener en cuenta la opinión de los vecinos mediante los cauces de participación. En España, a partir de la segunda legislatura municipal 1983-1987, se empieza a realizar una transición desde un carácter exclusivamente administrativo y burocrático de la participación ciudadana hacia una proyección real de intervención social mediante la interlocución con las asociaciones y entidades representativas.

Actualmente vivimos una eclosión y universalización de herramientas de participación surgidas a través de las TIC e internet (el 82% de los ciudadanos que usaron internet en el último año se conecta todos los días). Su aplicación en las administraciones públicas abre una nueva y determinante ventana de oportunidad para fomentar la participación política de los ciudadanos: la participación directa también en el ámbito local, la coparticipación de la gestión.

Estas herramientas permiten una relación fluida con los vecinos, monitorizan el “pulso ciudadano” sobre la gestión municipal y permiten segmentar los mensajes por issues.

Las aplicaciones móviles, consultas y tramitaciones online, son ejemplos que superan las limitaciones temporales, espaciales y burocráticas que ofrecían los formatos convencionales de participación (foros, reunión con colectivos, etc.). Ahora un ciudadano con las herramientas de participación que ofrecen las nuevas tecnologías de comunicación puede elegir cuándo y de qué forma hace llegar su posición sobre un determinado asunto. Estas herramientas han roto con el corsé característico de los formatos de participación tradicionales. Los ayuntamientos deben atreverse a implementar este cambio. Dar voz al ciudadano y escuchar para comprender.

Estas herramientas permiten mantener una relación constante y fluida con los vecinos, a la postre electores, permite monitorizar el “pulso ciudadano” sobre la gestión municipal y permite segmentar los mensajes al electorado por issues. Sin lugar a dudas, la implementación de estas herramientas de participación (apps, webs participativas, etc.) por los ayuntamientos permite mejorar los procesos de gestión. 

La confianza ciudadana sobre una institución es volátil y depende tanto de los resultados de la gestión como de los procesos (Whiteley, et al., 2016). Estas herramientas de participación canalizan procesos e involucra a la sociedad civil para hacerles coparticipes de los resultados.