Por qué los focus group fueron los mariscales de la derrota electoral de Macri

Sociedad
Tipografía
  • Muy Pequeño Pequeño Mediano Grande Muy Grande
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

En marzo hicieron más de medio centenar y por todo el país: se llaman focus group o grupos motivacionales, y, si se los hace bien, son una forma muy eficiente de entender a la opinión pública mucho más allá de las encuestas.

Al mando de esos focus group estaba, como siempre, Roberto Zapata, el psicólogo del equipo de Jaime Durán Barba. Zapata era el arma secreta del ecuatoriano: podía desentrañar la verdad desde lo profundo del cerebro del votante indeciso, podía saber cuán sólido o blando era el votante opositor en sus convicciones. Esos grupos motivacionales son amenas mesas de charla dirigidas por Zapata con grupos reducidos de representantes de esos segmentos de la opinión pública a los que hay que entender mejor: es un tubo de ensayo en el que se colocan por lo general los indecisos. Sobre ellos hay que mandar luego toda la artillería.

Nunca antes se había realizado semejante despliegue de grupos focales en el territorio argentino como este año. Esos focus debían ser la materia prima clave para tomar la decisión de si Macri estaba en condiciones de presentarse a su reelección con chances de éxito y, en tal caso, qué debía cambiar en su estrategia.

 

Por eso, el domingo a la noche, cuando en el Gobierno se iban enterando que la derrota ante el kirchnerismo no iba a ser por "un par de puntos", sino por más de 15 en las elecciones primarias, en el equipo de campaña de Mauricio Macri todos preguntaban por Zapata, un venezolano-español de perfil ultrabajo.

Sus focus group, que tenían la fama de infalibles, no anticiparon la monumental paliza que le dio el electorado al presidente Macri y casi todos sus candidatos en esas elecciones que no definen nada, pero que con semejante contundencia definieron todo: sólo un milagro podría ahora cambiar el resultado adverso para el Gobierno en las presidenciales de octubre.

 

Podría valer como excusa que ni los pronósticos más optimistas de la oposición acertaron. Hugo Haime, encuestador tradicional del peronismo, fue el que más se acercó, con 12 puntos.

¿Había algo oculto en la opinión pública que nadie vio?

La Universidad de San Andrés tiene una respuesta interesante a eso que algún día pasará a los libros académicos como uno de los mayores misterios de la historia argentina del análisis de la opinión pública.

El equipo liderado por el profesor Diego Reynoso encuestó 30 días antes de la elección. Eligió la metodología on line, que en otras ocasiones fue muy precisa. Pero, a diferencia de todos sus colegas, incluyó al lado de la opción "no sé" la posibilidad de contestar "prefiero no contestar" a la hora de preguntar por el voto.

Elegir no contestar no es lo mismo que no estar decidido: es alguien que tiene pensado su voto, pero por algún motivo opta por no confesarlo. El 15 por ciento dijo no estar decidido, y el 18 por ciento eligió no contestar.
Reynoso revisó el lunes la encuesta e hizo el cruce de los que prefirieron ocultar su voto con su nivel socioeconómico.

Descubrió que eran mayoritariamente sectores medios: los mismos que en otras elecciones habían votado por Macri. Su enojo no se expresó a través del liberal José Luis Espert, el antiabortista Gómez Centurión o el ex ministro de Economía Roberto Lavagnafueron directamente por la fórmula Fernández Fernández. No era la expresión de un voto bronca, testimonial, que luego podía volver al "voto útil" de Macri en octubre. Era la expresión de un sector medio en lo económico y "centrista" en lo político que prefería cambiar el gobierno.

¿Por qué su encuesta dio para el peronismo una ventaja de solo 6 puntos y se ubicó en el pelotón mayoritario de las docenas de sondeos publicados antes de la elección? "En ese momento asumimos la hipótesis clásica de que ambos grupos, los indecisos y los que prefieren no contestar, se debían repartir de igual manera que los decididos", explica Reynoso.

El académico de la Universidad de San Andrés admite que fue un inesperado hallazgo el agregar la opción de "prefiero no contestar", pero solo se enteró de su utilidad después del comicio.

 

"Teníamos dos hipótesis", revela. Hablando con funcionarios del gobierno sobre esos resultados, los macristas le afirmaban que "esos son votos vergonzantes nuestros".Reynoso asumía que ese dato vendría de los famosos y ultrasecretos focus group de Zapata.

Pero la realidad demostró que la gran mayoría de esos pudorosos de sectores medios que no querían confesar su voto aun sabiendo que la encuesta era anónima e iban a votar al kirchnerismo, y la pésima imagen pública de la ex mandataria -ahora como candidata a vicepresidenta en el binomio- hacía que su decisión fuera tan vergonzante.

Justamente para desentrañar ese secreto con tiempo suficiente para poder adaptar la campaña electoral estaban los focus group de Durán Barba de fines de marzo.

Quizás un llamado de atención a tiempo podría haber llevado al Presidente a tomar otras decisiones: desde presentar otro plan económico, admitir con más contundencia los errores, anunciar bastante antes paliativos para la clase media y las Pymes y hasta admitir que la gobernadora María Eugenia Vidal tendría quizás más chances de imponerse contra Alberto Fernández y Cristina Kirchner que el ingeniero: para eso se suponía que estaban los grupo focales de Zapata y Durán Barba.