WhatsApp: entre la campaña negativa y la libertad de expresión

Tecnopolítica
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En Brasil, seis de cada diez personas utilizan Whatsapp, solo superados a nivel mundial por Filipinas.

En estos días, un nuevo capítulo de la “teleserie” brasileña que han sido sus elecciones presidenciales capturó la atención de los medios internacionales: una investigación del Tribunal Supremo Electoral en torno a empresas privadas que supuestamente han financiado la distribución de propaganda a favor del candidato ultraderechista Jair Bolsonaro.

Esa propaganda ha sido en su mayoría difundida por la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp. En el plano estrictamente jurídico, la denuncia encontró eco ya que las leyes brasileñas prohíben el financiamiento de empresas a un candidato, establecido en el 2015 tras el escándalo de Lava Jato.

Con relación a la “campaña negativa”, aun cuando Brasil cuenta con mecanismos de seguimiento y prevención de producción de noticias engañosas, la ausencia de una ley en torno a esta, por ser considerada contraria a la libertad de expresión, ha demostrado ser contraproducente en una campaña polarizada y tensa.

En el ámbito de la campaña, es una revelación, pues ya no es la televisión el centro del debate -aunque sigue siendo un importante medio masivo de comunicación- o la radio y televisión; sino la aplicación de mensajería instantánea como parte de un ecosistema de nuevos medios digitales.

En Brasil, seis de cada diez personas utilizan Whatsapp, solo superados a nivel mundial por Filipinas, lo que ha sido visto como un mercado demasiado tentador para no explorar como herramienta de difusión rápida y masiva de mensajes, libres de toda verificación o respaldo. Se convierte entonces en un caldo de cultivo para diseminar noticias engañosas que afectan a los otros candidatos, y al mismo tiempo, un frente para neutralizar noticias que afecten al candidato difusor, catalogando todo lo que le sea negativo como “fake”.

El aspirante más señalado sobre esta práctica ha sido el líder de las encuestas y ganador de la primera vuelta, Jair Bolsonaro, sobre quien recaen las investigaciones al ser empresas de corte conservador que habrían contratado firmas de marketing para difundir mensajes que llegan a cientos de miles de personas a diario.

A través de Whatsapp, se esparcen como fuego en pasto seco noticias ficticias de tramas que sean del gusto del público objetivo: por una parte quienes respaldan a Bolsonaro, y por el otro, quienes son neutrales, más proclives a inclinarse por el ultraderechista en los comicios.

La mecánica de empleo de noticias engañosas por WhatsApp es sencilla. Una campaña contrata, por medio de una empresa o de manera directa, una agencia, la cual se encarga de crear grupos de Whatsapp llamados “comités de contenido” para supuestamente denunciar noticias engañosas. No obstante, detrás de esa motivación, en realidad se crean grupos, usando números extranjeros, para sobrepasar el límite de 256 miembros por lista, y así difundir un mensaje mediante un “disparo en masa”: el envío del mismo mensaje incontables veces desde distintos números telefónicos.

El resultado es evidente: la disminución progresiva de la aceptación al Partido de los Trabajadores y a su candidato, Fernando Haddad, cuyo rechazo, según algunos sondeos, ya supera al de Bolsonaro. Por lo demás, la “guerra digital” la ha ganado por paliza el ultraderechista al haber establecido, indirecta o directamente, una estructura de campaña en la que WhatsApp ha sido su punta de lanza, en un país donde, según un estudio de Ipsos, es el más proclive del mundo a creerse informaciones falsas: más de seis de cada diez personas dan por cierta una información ficticia.

El Tribunal Electoral reconoció hace un tiempo que aún no tenía certeza sobre cómo lidiar con noticias engañosas, las cuales han perjudicado mayoritariamente las aspiraciones de Haddad si tomamos en cuenta las noticias engañosas que más han circulado por las redes sociales y por el propio WhatsApp. Por supuesto, los petistas han pedido investigar esta supuesta irregularidad, a esta altura, una medida desesperada para neutralizar al virtual nuevo presidente de Brasil.

Los “líos” que han ocasionado las noticias engañosas a ciertos candidatos no habían tenido eco jurídico hasta ahora, con la aceptación de investigar el supuesto financiamiento de empresas al candidato Bolsonaro, además de ser aportes ocultos. Esto se explica por la ausencia de una legislación sobre la cual debieran sostenerse las sanciones y penas a los responsables de difundir y fabricar noticias engañosas como herramienta de campaña negativa.

Para rematar, se ha probado que muchas de las iniciativas de campaña negativa con fake news, a través de WhatsApp, son coordinadas desde el extranjero, haciendo más difícil su seguimiento y consecuente sanción, algo que el propio Luiz Fux, juez presidente del Tribunal Superior Electoral, advirtió en febrero de este año.

En República Dominicana, aunque con una Ley de Partidos aprobada y promulgada, ha sido objeto de debate e impugnación el numeral 6, del artículo 44 de dicha ley, donde establece sanciones por campaña negativa, por ser considerado un concepto demasiado amplio y ambiguo a ojos de la libertad de expresión. Con primarias y elecciones generales a la vuelta de la esquina, la incertidumbre ronda los pasillos, y el tiempo para dirimir esas dudas no es precisamente un aliado.

Qué dice la Ley de Partidos sobre la campaña negativa...

En el numeral 6 del artículo 44 de la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas se establece que queda totalmente prohibida “la difusión de mensajes negativos a través de las redes sociales que empañen la imagen de los candidatos”, la cual “será sancionada conforme a la Ley No. 53-07, sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología”.

Publicado en Listin Diario